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Esta cosa es una cosa.

De todas las cosas que podría ser, es una cosa.
No es una cosa cualquiera, sino una cosa.
Al existir en su naturaleza de cosa, no existe en naturaleza de todas las otras cosas que no es.
Esto es una falacia.
Existe como cosa y como ser humano, en su esencial ambivalencia.
Los otros dicen que tiene dignidad, pero las cosas no tienen dignidades.
El ser humano es cosa.
Esta cosa es tanto cosa como ser humano.
Esta cosa no tiene capacidad de espera porque ello implicaría un tiempo previo de no-espera.
La aspiración de los otros respecto a esta cosa es:
su eternidad-su estatismo.
¿Qué es?

La cosa es Dios.

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Matar a Baudelaire

the_knife_grinder_principle_of_glittering_by_kazimir_malevich

The knife grinder principle, de Kazimir Malevich

 

Queremos rajar el tiempo en el espacio

del segundo y el segundo

para entrar entre los poetas

culpables de hacer caminar al precipicio

de puntillas por nuestros bordes.

Así, tocar el sabor de plomo etéreo bajo la lengua

como las ruedas de lúrex y asfalto

sobre la piel marcada de la carne

suicida.

Tres

versos

vacíos

y

ascensión:

cuando seamos seres amantes-supervivientes

de la carroña y no provoquemos más que vómito y pena;

cuando nuestros despojos existenciales lubriquen

al mecanismo de la mediocre nada

-donde no existirá la muerte porque aún no habremos nacido-,

con una danza irreparable penetraremos por las grietas de la Madre

hasta arribar a la masa.

Seremos peso (en terceras consciencias),

cincelados por una Creación horizontal.

Y Ella nos comerá vivos.

Y ya

no estaremos muertos.

 

(2015).