“El dibujo es otra de mis formas de respirar”: Entrevista a Antonio Fraguas, “Forges”

Entrevista realizada por Lourdes Torres y Sandra Viciana
Fotografías tomadas por Lourdes Torres.

Hijo de madre catalana, padre gallego. Dibujante, director de cine, humorista, inventor de la palabra “bocata” y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Elche.

En sus ratos libres, solo Antonio Fraguas; sobre el papel, siempre Forges.

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Fraguas, amante de lo cotidiano y de conversación fluida, que salpica con referencias a la historia y evolución de la palabra, a la historia de España, a la historia del cómo contar historias. Inevitablemente, se cuelan las risas entre pregunta y pregunta. Es lo que tiene que el más reconocido de los humoristas gráficos de nuestro país nos regale su tiempo.

La cita tiene lugar en la cafetería El 4, en el madrileño barrio de Chueca, donde las paredes hacen gala de las viñetas del artista. Y es así, con un café con leche de por medio, como nos acercamos al Forges que nadie conoce.

¿Cómo es el Antonio Fraguas que no es conocido por el gran público, el más alejado de Forges?

Yo soy igual con los chistes que hago como Forges que en mi vida normal. No soy un tío raro, soy un pintamonas, dibujo fatal y tengo unas ideas peculiares: eso es lo que hago. No soy un marido extraordinario, no soy un padre excelente, no soy un abuelo maravilloso, soy un tío normal y corriente. Y del Atleti de Bilbao, como rasgo distintivo.

Para ser un hombre ordinario, ha hecho cosas bastante extraordinarias.

Es porque hago cosas que la gente no es que no sepa hacerlas, es que no se pone a ello. La ventaja que tengo es que la gente no sabe lo fácil que es ser artista. Me dicen: “¿cómo puede usted coger un papel, ponerse a dibujar y hacer un chiste?”. Yo pregunto siempre: “¿y tú te has puesto alguna vez?”, “No”. Y afortunadamente, porque si os pusierais todos a dibujar no nos comíamos una rosca [ríe].

O sea, que cree que en realidad el artista es trabajo, no es inspiración o talento…

Fundamentalmente es trabajo. Decía Picasso lo de que cuando llegue la inspiración, que te encuentre en la mesa con el folio delante. El futuro profesional de toda la vida ha estado en manos de aquellos que se han formado para hacer algo distinto. Imagínate que una persona fuera la única en toda la Comunidad de Madrid que supiera hablar fluidamente suajili [lengua africana, ndlr]. Se forraba seguro. Todo se resume en hacer algo que no sepa hacer nadie, originalidad, ser original.

“Soy un pintamonas con ideas peculiares: eso es lo que hago”

-Forges

Y usted, ¿en qué cree que es original?

 

En haber empezado a trabajar a los 14 años y tener 73 años y seguir siendo activo, eso ya es original. Ya te digo, que el trabajo mío ha sido un trabajo muy fácil, siempre. Yo empecé a trabajar en la tele, cuando empezaba la tele en España. Es muy importante el estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. ¿Cuál es el sitio adecuado ahora mismo? Está clarísimo: las redes sociales.

Uno de los trucos es que si te vas a dedicar a esto, búscate un nombre. Yo cuando me puse Forges, no sabía que iba a haber Twitter, y que iba a tener 6 letras y me iba a venir fenomenal. Es imposible triunfar en el mundo literario o artístico llamándote Antonio López. ¿Por qué ha triunfado Antonio López? Porque es un genio, pero como los demás no somos genios, tenemos que ayudarnos de otras cosas.

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Ilustración realizada por Forges en exclusiva para esta entrevista

Hablando de trabajo y del éxito y de cómo conseguirlo, ¿cuál cree usted que ha sido su mayor éxito?

Es que yo creo que el éxito no existe, es un concepto que dan a tu obra, pero tú no entiendes en qué consiste. El éxito es, sobre todo, muy relativo. Lo que sí sé es que yo me levanto todos los días a las 6:00 de la mañana y mis compañeros no se levantan a las 6:00 de la mañana. Yo a las 23:00 estoy ya en la cama leyendo. Luego me dicen: “tú tienes negros ¿verdad?” y digo yo “¡claro! Negros que soy yo desde las 6:00 hasta las 10:00 de la mañana que tú estás durmiendo”. Me levanto tan pronto porque a esa hora no hay teléfonos, no hay radios, no hay televisiones, no te dan la brasa… [reímos]

O sea, que necesita aislarse para trabajar.

No, qué va. Yo he vivido siempre rodeado de mis hijos, y ahora de mis nietos. Eso no me molesta. Lo que me molesta es que te estén llamando continuamente por teléfono, e incluso aunque estés dibujando no puedas seguir con las bromas con los nietos, te perturba. Y ten en cuenta que yo soy hombre, hago una cosa y mal a la vez [ríe].

Y ahora que dice lo de los nietos, ¿qué tal lleva la faceta de ser abuelo?

Muy bien, mis nietos además son nietos atípicos, que leen continuamente libros. Tienen eBooks, pero a ellos les gusta el libro. Serás lo que hayas visto; mis hijos han leído muchísimo, y lógicamente, los nietos, también. Ya tenemos una “gótica” [subcultura de estética oscura y de atracción por lo siniestro, la muerte y el ocultismo, ndlr] y nos reímos mucho de ella, y ella se ríe de nosotros también.

Respecto al humor, ¿para qué le ha servido personalmente a usted el humor en su vida?

Pues, primero para comprarme este jersey (reímos). El humor me vale para todo. Hay que

tener en cuenta que la vida es una película en la que el chico o la chica siempre acaba “palmándola”. Como eso ya está dicho, lo único que hay que hacer es tener el humor presente siempre. Si te vas a un tanatorio, te das cuenta de que la gente se pone a contar chistes. A la hora de la verdad, si tienes sentido del humor, te va mejor. Yo soy bastante “follonero”, pero con sentido del humor. Jamás en la vida he tenido el menor problema ni la menor mala cara. Pero claro, tienes que hacerlo bien, padeciendo conjuntamente con ellos esa situación a través del humor.

“Lo mío es hacer del defecto una virtud”

-Forges

¿Está satisfecho con lo que ha hecho a lo largo de su vida? ¿Cambiaría algo? ¿Le ha faltado alguna meta que conseguir?

He hecho lo que he podido. Si yo hubiese estado en otro país, probablemente estaría haciendo cosas distintas. La vida profesional es como una montaña: puedes subir muy arriba, pero cuando estés arriba del todo, todos los que te hayan seguido te van a empujar. El truco es subir en zig zag, de tal manera que los que suban contigo sean pocos y sea difícil que te empujen.

Siento que he hecho muchas cosas de la vida, de generar ideas y follones de esos, y a mí no me importa que otros se las hayan apropiado, pero es una pena que aquí en España no haya una estructura para los ingeniosos.

Y en el terreno personal, ¿cuál es el mayor aprendizaje que ha tenido? ¿Qué lección le ha dado la vida?

Lo mejor que he tenido ha sido pertenecer a una familia con mucho humor. Al ser muchos hermanos, también el saber compartir. Otra cosa fundamental es el tener 14 años y estar

trabajando con mucha gente ajena y mucho mayor que yo.

¿Cuál es el recuerdo que más le ha marcado, el más valioso?

Cuando tenía 12 años, veía a mi padre estudiando una oposición por las noches y trabajando de día. Eso me parece que es un detalle relevante y que te enseña lo que hay que hacer.

 

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¿Y el más doloroso?

La “mili” era una cosa malísima, y sin embargo, cuando acabas, te quedas solo con lo que te hizo gracia. Y de hecho, luego te encuentras a aquellos capitanes y sargentos y te ríes de aquello. La mente humana es selectiva, los seres humanos nos olvidamos de los malos recuerdos. Pero si tengo que elegir un mal recuerdo, sin duda, el 11-M. Iba mi hija Irene en un tren, pero no sabíamos en cuál. Como todo el mundo estaba utilizando los móviles, estaba bloqueado el sistema. Además, cuando pasa algo malo, ya lo sabes antes de que pase. Hay “algo” que te avisa. Dicen que no existen las premoniciones, pero quizá la velocidad del conocimiento tiene otras formas de retransmitirse, generalmente unidas al afecto. Creo que aún no tenemos los elementos necesarios para demostrar esta conexión.

Al hilo de las conexiones con los seres queridos, ¿se considera una persona espiritual? ¿Religiosa? ¿O simplemente cree en la física?

 

Soy agnóstico, aunque creo que esto es una cosa muy personal y que tampoco es muy relevante. Lo importante es cómo enfocas la vida y saber vivir colectivamente. Es difícil ser buena gente si le pegas una patada a un perro o si acosas a un toro de lidia con una lanza. A mí lo que me molesta de los toros es que los maten.

Es curioso, porque en una entrevista dijo que de pequeño quería ser torero.

Sí, yo de pequeño quería ser torero porque estaba acostumbrado a estar entre los toros. Nosotros íbamos en verano al Espinar, en la provincia de Segovia, y allí jugábamos al fútbol con los toros pastando y nunca nos hicieron nada. Todo lo que hace el toro es porque quiere huir.

¿Con qué animales ha tenido relación en su vida?

Con perros, cien mil perros. Nosotros llevamos casados 50 años y hemos tenido (cuenta) nueve perros, pero en la familia, entre los hijos y otros, unos 25. Mi hija Irene, por ejemplo, tiene seis perros. Yo no soy muy “animalero”, a mí me hicieron muy “animalero”.

Y ¿cree que ha aprendido algo de tener tantos perros y tantos hijos, de ser tanta gente?

Sí, claro que aprendes. Todo el día estás aprendiendo: si ves los chistes que yo hago, no parezco un señor prácticamente octogenario. Hablo con mis hijos y mis nietos y sé de qué va la vaina. Sé muy bien qué es un runner.

Por tanto, se considera una persona joven, ¿en qué lo nota?

No me paro. Es mentira eso de que las personas mayores tienen que hacer una vida reposada, mucho sofá, mucha tele… ¡Por Dios! Si eso es aburridísimo. Yo todos los días recorro 10.000 kilómetros: los diez que ando, multiplicado cada uno por mil, de todas las cosas que voy pensando.

Y ¿qué es lo que hace en un día normal? Cuando se levanta, trabaja… ¿Cuál es su rutina?

¿Mi rutina? Que no existe rutina. Cada día es una cosa distinta. No tengo un patrón. Dibujo cuando tengo tiempo; si no, es imposible. No le dedico ni 2 horas al día, pero no porque no me guste, sino porque no puedo.

Ya que hablamos de lo de dibujar, ¿cuándo cree que dejará el dibujo?

Nunca, eso no se ve. Los artistas en general, incluso yo, que soy un artista enano, tenemos varias formas de respirar: una de ellas es la aeróbica y otra, en mi caso, es el dibujo. Lo que hacemos los humoristas, por ejemplo, si no está el público delante no sirve para nada. Publico un libro y a los dos días viene una señora y me dice: “Perdone, maestro, ¿usted cómo sabía lo que había dicho mi cuñado en la comida familiar del domingo?”. Muy fácil, en todas las comidas familiares hay un cuñado que dice una cosa parecida. Es lo que hacemos los humoristas, porque el ser humano cree ser original, pero casi nadie lo es.

¿Hay algo demasiado serio como para hacer chistes?

De todo se puede hacer chiste, aunque con determinadas cosas tienes que emplear más neuronas. Yo los dibujos los hago muy rápido, pero hay veces en las que tardo una mañana en el cómo lo digo. Hay que tener cuidado cuando te refieres a colectivos muy exaltados. Por eso luego los aludidos dicen “hay que ver lo que me ha dicho, pero qué bien me lo ha dicho”.

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¿Cuál es el tema que más le ha costado plasmar sobre el papel?

No es el que más te cuesta, sino el que más sientes hacer. En el 11-M, por ejemplo, cuando no sabíamos dónde estaba mi hija, yo ya había mandado al periódico un chiste a las diez. Una hora más tarde ya estaba en toda la prensa mundial. Como yo estoy desde muy pequeñito en el mundo de la información, el impacto que recibo ante una noticia así es tremendo, pero estoy acostumbrado a actuar rápidamente y con calma. Eso lo da la experiencia de que te esté entrando Franco en un plató de televisión y que las cuatro cámaras no funcionen [ríe].

¿Cree que mantener la calma es una de sus virtudes? ¿Cuáles son sus puntos fuertes?

Yo no tengo ninguna. Lo que tengo son defectos, pero no muy acusados. Lo mío es hacer del defecto una virtud [ríe]. En realidad, me parece muy malo considerar que se tienen defectos, que es algo que viene de la cultura judeocristiana. Y eso no os lo dicen.